3 Técnicas Para Dejar De Ser Complaciente En Tu Vida Personal y Laboral

3 Técnicas Para Dejar De Ser Complaciente En Tu Vida Personal y Laboral

¿Te toma trabajo evitar ser complaciente? ¿Te cuesta decir que no a tu jefe, compañeros de trabajo o incluso en tu casa? Si es así, probablemente eres de aquellas mujeres que se comportan de manera complaciente, no sólo a nivel laboral, sino también en lo personal.

Algo que a las mujeres en general nos cuesta mucho hacer con los demás es ponerles límites, ya que hemos sido “adoctrinadas” desde pequeñas a ser tremendamente complacientes y condescendientes con los demás. Así nos vamos trasgrediendo lenta y profundamente, dando prioridad a las necesidades de los demás por sobre la de nosotras mismas.

Desde pequeñas nos enseñan a funcionar sin conectar con nuestros límites personales. Este modo de funcionar no sólo nos impacta a nivel personal, sino también laboral porque vamos aceptando cosas que no son de nuestro agrado y nos vamos transgrediéndonos. No sabemos cómo poner límites a los compañeros de trabajo, a los jefes, a los esposos y a los hijos. Vamos aceptando trabajos que no son de nosotros, o a los jefes, tratos y horarios que distan de lo “correcto” y la lista sigue.

Ser complaciente es una conducta aprendida desde pequeña y con ello aprendimos a sentirnos responsables por la necesidad de los otros, lo que los demás sienten y hacen.  Aprendimos que no debíamos enojarnos, si no que debíamos ser buenitas y “correctas”. Decir que no, a los “otros” podría implicar que se enojaran, disgustarlos y ello podría conllevar que los otros nos rechacen, algo que nos atemoriza. Comenzamos a cuestionar si debiese haber colocado límites, si estuvimos adecuada en lo dicho y comenzamos a cuestionar la valía de ese límite personal.

Sentimos entonces culpa e intentamos repararlo todo, echándonos para atrás. Luego al tiempo caemos en cuenta que nos hemos transgredido, lo que nos va llenando de rencor, rabia, remordimiento, etc., Todo ello va mermando nuestra autoestima; no nos sentimos vistas, valoradas y consideradas, hasta que explotamos de tanta sobrecarga emocional.

Aguantamos mucho y cuando deseamos poner límites, lo hacemos muchas veces mal, desde la irritación o desde la victimización extrema, lo que es entendible, porque nadie nos enseñó que podíamos decir que ¡no!, y que estaba bien poner límites y velar por nuestro derechos y bienestar.

La buena noticia, es que colocar límites es algo que se aprende. ¿Cómo?… ahí te va una de las tantas recomendaciones, al menos para empezar:

  1. Reconecta con la emoción y pregúntate

    ¿Qué estoy sintiendo? ¿Es frustración? ¿Es impotencia?, Es rabia?, etc. La única manera de volver a tu equilibrio es escuchar tu emoción y darle el espacio que necesita para ser expresada, ya que su función es protegerte y debes escuchar el mensaje.

  2. Identifica el propósito y sentido de tu emoción

    Pregúntate ¿Qué significa esto para mí? ¿Qué me está diciendo esta emoción sobre mí? ¿Qué de todo esto es importante para mí? ¿En qué área de mi vida me estoy sintiendo trasgredida?

Estas preguntas te darán una visualización de qué es lo importante para ti, lo que valoras, el estilo de vida que deseas o incluso aquello que no estas dispuesta a tranzar. Te servirá como lineamiento y motivador principal para colocar tus límites si lo mantienes presente, ya que contestarás a la pregunta ¿qué estoy dispuesta a transar de mi vida y qué no?

  1. Coloca los límites necesarios…

    …que te permitan defender aquello que para ti es importante:

    1. Expresa concretamente qué deseas, y mantente firme en ello, repitiendo como disco rayado aquello que deseas hacer valer Ej.: “Mamá quiero ir al parque. -Hijo te dije que a las 5pm iremos. – pero yo quiero ir ahora. -Entiendo, pero yo me programé para las 5pm, a esa hora iremos. -No quiero ir tan tarde. – Como te mencioné, me programe para las 5pm”
    2. Es común llegar y decir que sí y luego nos arrepentimos. Cuando no estés segura de decir que sí, entonces pospón la decisión un poco y luego decanta contigo qué deseas y das la respuesta final. Ej.: Ante la solicitud de ayuda de un compañero de donde otras veces lo has ayudado, pero hoy no puedes por el motivo que sea, le puedes decir algo como “Juan, estoy muy ocupada, déjame ver mis compromisos para esta semana y te respondo en un rato más”.
    3. Por último, puedes validar la postura del otro, pero manteniendo tu postura, Ej.: Solicitarle a un compañero de trabajo un material que debe entregarte como insumo para tu trabajo. “José, te pedí ayer el informe de compras y que él te responda que no ha sido así. Entonces le dices, puede que sea real que no te lo haya pedido y se me haya olvidado, pero lo necesito hoy para entregar el informe”

Estas tres técnicas sencillas, pero con evidencia científica de su eficacia te ayudará a establecer límites. Recuerda que el cambio de hábitos se realiza a través de la práctica, no nacemos con esta habilidad, se entrena y se enseña. Para cambiar este patrón de comportamiento debes recordar que en la acción está la magia del cambio.

Cumplir con lo anterior te permitirá dejar de ser complaciente y poner en marcha un circulo virtuoso…a mayor límites y autovalidación, mayor autoestima y mayor respeto de los demás hacia ti.

Si aún no has logrado poner límites a los demás sin sentirte culpable, sintiéndote sin derecho a hacerlo, te invito a inscribirte a mi blog donde estaré compartiendo material gratuito que te ayudará a desarrollar más confianza y seguridad en tu vida personal y laboral.

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